Minería con conciencia: una nueva visión para el desarrollo
La minería puede ser motor de crecimiento o fuente de desigualdad; la diferencia está en cómo se gestiona
Durante décadas, la minería ha sido vista con una dualidad inevitable: por un lado, un motor económico que impulsa comunidades enteras; por el otro, una actividad que, si no se regula adecuadamente, puede profundizar brechas sociales y dejar huellas ambientales irreversibles.
El desafío no está en decidir si debe existir o no, sino en cómo se hace.
Por eso me uní al proyecto de NEMISA (Núcleo de Energía y Minería Incluyente, Sustentable y Ambiental), una iniciativa que impulsa modelos extractivos con enfoque social, donde las comunidades no son simples espectadoras, sino protagonistas de su propio desarrollo.
NEMISA promueve un nuevo paradigma: la minería como aliada del bienestar colectivo. Desde la capacitación de cooperativas locales, la formación de liderazgos comunitarios y la implementación de tecnologías limpias, hasta la creación de cadenas de valor justas y sostenibles. Cada acción busca demostrar que la rentabilidad y la responsabilidad ambiental pueden coexistir.
La sostenibilidad no es solo una palabra de moda; es una práctica que redefine cómo entendemos el progreso. Invertir en energías limpias, reducir el impacto ecológico y garantizar condiciones laborales dignas son pasos esenciales para transformar la industria minera en un sector resiliente y equitativo.
El cambio no está en la mina, sino en la mentalidad con la que la operamos.
Cuando la minería se gestiona con ética, conocimiento y visión de futuro, deja de ser un problema y se convierte en una oportunidad para construir prosperidad compartida.